La COVID‑19 no es la solución a la calidad del aire ni a la emergencia climática
El confinamiento y el parón en la actividad económica han provocado una importante reducción de la contaminación, pero no es duradera.
El confinamiento y el parón en la actividad económica han provocado una importante reducción de la contaminación, pero no es duradera.
Los compromisos actuales de los países de cara a 2030 nos llevan a un aumento de unos 2,5 °C en la temperatura global. En la cumbre deberían acordarse medidas más ambiciosas para frenar el calentamiento global.
El aumento de la temperatura del planeta aboca a la humanidad a sufrir efectos muy graves o irreversibles. En este artículo publicado originalmente en la revista Telos de Fundación Telefónica, el autor alerta de la urgencia de revertir la situación.
¿Cómo funcionan las instituciones internacionales de ayuda al desarrollo, cuáles son las más importantes y qué transformación necesitan para mejorar la financiación climática?
Como ya han hecho otros países, España ha iniciado el camino para formar un órgano para reforzar el diálogo y la participación ciudadana en materia de cambio climático.
Los acuerdos para frenar el cambio global deben tener una visión social y solidaria, para que todos los pueblos del planeta salgan beneficiados, y no haya regiones marginadas ni explotadas.
El análisis del cambio climático debe incluir la dimensión social, al ser la sociedad la causa del problema físico y la que sufrirá las consecuencias.
Más de once mil científicos de todo el mundo han suscrito el último informe sobre cambio climático, en el que se subraya la necesidad de cambiar nuestros hábitos alimenticios.
La única forma de reducir las emisiones drástica y rápidamente es disminuyendo el consumo de manera programada, con reconversiones profundas y diálogo social.
Si bien los mensajes apocalípticos que causan temor pueden ayudar a concienciar de los riesgos del calentamiento global, no son efectivos para cambiar conductas a corto y largo plazo.