Cómo adaptarnos a la nueva realidad de incendios
Debemos cambiar nuestro comportamiento y el paisaje que nos rodea para vivir en el clima del siglo XXI.
Debemos cambiar nuestro comportamiento y el paisaje que nos rodea para vivir en el clima del siglo XXI.
La colaboración entre distintas ramas de la ciencia ha permitido estudiar las peculiaridades del género ‘Quercus’. Es también el camino para hacer frente a la pandemia y al cambio climático.
El fuego forma parte del Mediterráneo, pero el cambio climático y el abandono rural lo han vuelto una amenaza. Entender su papel ecológico es clave para prevenir y convivir con los incendios.
Los autores de un reciente estudio utilizaron sensores ubicados en satélites para identificar los incendios “más extremos” de todo el mundo y observaron que son cada vez más intensos.
Incluso muerto, un árbol ayuda a otros a vivir.
El calentamiento global, el abandono del campo y la falta de ganado y de actividades silvícolas están cambiando la distribución de los árboles en las montañas.
Casi un cuarto de cada bocanada de aire que respiramos se lo debemos a las diatomeas. Sus esqueletos de sílice podrían ayudarnos a entender cómo interactúan los ecosistemas marinos con los cambios climáticos del planeta.
El abandono de cultivos y pastos permite la regeneración natural de matorrales y bosques y la recolonización de la fauna.
Las aves que habitan en las ciudades tienden a ser más pequeñas y sufren un mayor daño celular que aquellas que viven en los bosques. Un reciente estudio demuestra que, además, los carboneros urbanos presentan una coloración más apagada.
Un reciente estudio sugería la posibilidad del colapso de la circulación principal del océano Atlántico debido al deshielo, sin embargo, dada la complejidad del sistema climático, es dudoso que se alcance este punto de inflexión durante este siglo.